El milagro de la leche materna: el heroísmo silencioso de las madres venezolanas
Columna de opinión
Por Manantial Stereo
Publicado en 10/07/2026 09:58 • Actualizado 10/07/2026 10:05
Columna de opinión

Por: Angie María Pérez C.

El doble sísmo que sacudió Venezuela el pasado 24 de junio no solo dejó una cifra escalofriante de 3.889 fallecidos y más de 17.000 heridos, sino que también nos entregó una imagen imborrable de lo que significa el amor de una madre. Hoy en mi columna quiero rendir homenaje a su valentía y sacrificio, a cada madre venezolana que lo ha dado todo por proteger a sus hijos. Como madre, me conmueve su fortaleza. 

 

Mientras los equipos de rescate continúan la búsqueda entre los escombros de los edificios que colapsaron, una historia ha conmovido al mundo. Es la de una madre venezolana que, según el relato viral, logró mantener con vida a sus tres hijos alimentándolos con su propia leche durante los once días que permanecieron atrapados bajo los escombros del edificio OPP en La Guaira.

 

La leche materna no es simplemente alimento: es un tejido vivo diseñado específicamente para el desarrollo y la supervivencia del bebé. Aporta todos los nutrientes necesarios, anticuerpos, enzimas y células madre que el pequeño requiere. Además, adapta su composición a las necesidades biológicas del lactante en cada etapa de su crecimiento.

 

Quien haya amamantado sabe que este proceso no es automático ni sencillo. Requiere energía, hidratación y un estado físico adecuado para producir leche. Ahora imaginemos hacerlo en la oscuridad, entre el polvo y el concreto, sin agua ni alimento, con el terror de no saber si alguien vendrá a rescatarlos.

 

El bombero español Miguel Montero, desplegado en la zona cero, califica la supervivencia tras once días como una "situación bastante difícil" y un verdadero "milagro". Pero el milagro no fue casualidad: fue el cuerpo de una madre transformándose en el único sustento posible para sus hijos, ofreciéndoles no solo calorías, sino también defensas inmunológicas y la conexión vital que los mantuvo con vida.

 

Pero no todas tuvieron el mismo desenlace. En las imágenes que circulan en redes sociales, vemos a otras madres que, en el momento del colapso, usaron sus propios cuerpos como escudo para proteger a sus hijos. Ellas no tuvieron la oportunidad de ser rescatadas. Dieron su vida para que los pequeños pudieran tener una oportunidad.

 

Son el rostro de una tragedia que ha devastado a comunidades enteras. Pero, ¿estamos realmente reconociendo su sacrificio? Esta pregunta duele formularla, pero es necesaria. Mientras celebramos el heroísmo de estas madres, ¿estamos realmente protegiendo a sus hijos?

 

Las autoridades han confirmado que redes de trata de personas han llegado al país para captar niños en situación de vulnerabilidad. En medio del caos, de la pérdida de viviendas —17.907 personas han quedado sin hogar— y del desplazamiento masivo, los niños se convierten en el blanco más fácil para estas organizaciones criminales.

 

El heroísmo de esas madres bajo los escombros no puede ser en vano. No podemos permitir que, después de sobrevivir al terremoto, los niños venezolanos caigan en manos de tratantes. La protección de la infancia debe ser una prioridad absoluta en esta emergencia.

  

Para quienes deseen contribuir desde casa, existen organizaciones verificadas que trabajan directamente en la protección de la infancia venezolana. A continuación, los enlaces oficiales para obtener más información y colaborar:

 

 

Pequeñas acciones desde nuestra casa pueden marcar la diferencia: donar a través de los canales oficiales de estas organizaciones, difundir información verificada sobre la situación y exigir a nuestros gobiernos que mantengan el compromiso con la ayuda humanitaria.

 

Porque si algo nos ha enseñado esta madre que amamantó a sus hijos bajo los escombros es que, incluso en la oscuridad más profunda, el amor encuentra la manera de sostenerse. Ahora nos toca a nosotros sostener a Venezuela.

 

 

 

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