En Casanare, la mayoría de mujeres víctimas de violencia (53,27%) siguen durmiendo todas las noches al lado de su agresor. No es un dato menor. Es la radiografía de un infierno silencioso que para muchos sigue siendo considerado solo "un problema de pareja".

En Yopal, alrededor de 300 mujeres están en riesgo feminicida. Trescientas. La cifra me la dio la propia secretaria de la Mujer de Casanare, Adriana Alfonso, en una entrevista reciente. Frente a esta realidad, la gobernación anunció la apertura de una casa refugio. Una gran noticia, sin duda, celebro y reconozco la voluntad de la administración departamental por hacerlo realidad y también a los años de lucha de mujeres activistas que nunca dejaron de exigir.
Es importante recordar lo que dice la ley. La Ley 1257 de 2009 y la Ley 2126 de 2021 son claras: no es un favor, es una obligación del Estado. Estas normas establecen que las gobernaciones y las alcaldías son las responsables directas de garantizar la atención integral, la protección y los espacios de alojamiento para las mujeres víctimas de violencia. No hacerlo es incumplir la ley. Dicho esto, esta casa es un gran avance.

Pero seamos honestas: la casa, según fue anunciado por la secretaria y la gestora social Diana Soler, tiene capacidad para atender entre 5 y 10 mujeres.
Repito: 300 mujeres en riesgo solo en Yopal. Capacidad para 10.
¿Qué pasa con las otras 290? ¿Y con las del resto del departamento, donde el 62% de la violencia ocurre en zonas rurales, sin acceso a nada?
La casa refugio será una bendición para algunas. Pero no resuelve el problema de fondo. En la misma entrevista la secretaria Alfonso lo reconoció: "se nos salen de las manos, los agresores se burlan porque saben que no hay dónde detenerlos. Las comisarías están desbordadas". Y mientras tanto, las mujeres siguen encerradas con quienes las maltratan.
Celebro la casa. Pero me cuestiona que pueda ser apenas un pañito de agua tibia ante una problemática que por años ha tenido a Casanare entre los departamentos con mayores índices de violencia de Colombia. ¿Acaso necesitamos un abordaje diferente? No solo ver a la víctima. Cuando ocurre un feminicidio, también hay un hombre que se convierte en feminicida. ¿Qué pasa con él? ¿Qué hacemos como sociedad para dejar de normalizar el machismo y la violencia?